Jugar con los niños era muy divertido, nos encantaba cantarles canciones conocidas de Disney y bailábamos con ellos ¡Las horas se nos pasaban volando! Durante la siesta de los niños, las voluntarias nos íbamos a tomar un café a un bar en el que por cierto, ¡Nos hicimos amigas de los dueños! Ahí jugábamos a las cartas y hablábamos de nuestras cosas. Durante estas tardes nos conocimos mejor y surgió una bonita amistad.

Los niños en el orfanato me han inspirado a dar siempre un poco más de lo que tengo. Es importante reconocer que ellos están llenos de alegría y ganas de jugar a pesar de lo poco que tienen. Esto me ha ayudado a saber valorar lo que tengo, por lo que pienso seguir haciendo voluntariado en un orfanato en España debido a la importancia que creo que tiene dar apoyo y cariño a esos niños.

María, voluntaria del Programa Norte Sur, Japón 2015

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